El pasado 21 de octubre se celebró nuevamente la concentración «Averroes con Gaza» en esta ocasión se leyó el siguiente texto redactado por la profesora Ana Huete:
Carta de Averroes a Netanyahu
AVERROES CON GAZA
No para todos amanece un nuevo día, no para todos sale el sol. En Gaza caen bombas que destruyen escuelas, hospitales, casas. La gente no tiene un lugar seguro para vivir, no tiene un lugar seguro para morir. El gobierno de Israel descarga su ira inagotable sobre hombres, mujeres, niños y niñas. Todos y todas son población civil, porque no hay una guerra sino un castigo. Podemos llamarlo masacre, matanza o genocidio, lo que queramos; esas palabras tienen significados parecidos. Eso es lo que menos importa ahora, las palabras sirven para comunicar, para hacerse entender, para compartir, para poner nombre a lo que necesitamos expresar. Lo importante es reaccionar ante la realidad que nos repulsa y nos quita el sueño y el sosiego.
No logramos serenidad si nos quedamos en silencio ante lo que se nos presenta cada día como una barbarie repugnante. No queremos que nuestros hijos, hijas, nietos, nietas, alumnos, alumnas nos pregunten mañana sobre lo que hicimos para parar esto. ¿No diremos nada o les contaremos como salimos a las calles a expresar nuestro rechazo a esa violencia desmedida?
Los gazatíes son y están en todos nosotros, somos ellos y ellas. Hoy aparcamos nuestro ansiado individualismo para unirnos a defender nuestra especie, nuestros derechos, esos que tanto nos costó conquistar. Se ponen de acuerdo vientre y cabeza, emoción y razón para no dejarnos tranquilos porque sentimos y sabemos que debemos hacer esto juntos. Todavía no está todo perdido. Podemos poner freno a esta sinrazón, este abuso de poder sobre un pueblo ya destrozado, agotado, asustado, derrotado.
Desde la escuela imploramos justicia para el pueblo de Gaza. Tenemos que alzar la voz, estar presentes, porque merecen paz, casa, sanidad, escuela y vida. Queremos que esos chicos y chicas acudan a la escuela, que los enfermos acudan a hospitales para sanar heridas, que las familias vuelvan a sus mesas llenas de agua y alimentos. Esto no es política, es necesidad. La justicia no es un lujo, es un ejercicio de dignidad humana. Señor de la guerra, no podemos dormir, sentimos los bombardeos, escuchamos los lamentos, nos duelen las heridas, saltamos por los aires, nos están amputando el derecho a vivir.
Escribe: Ana Huete, dpto. Geografía e Historia